martes, 5 de enero de 2021

 

 Llegó el 2021

    Hemos entrado en el nuevo año: Un año lleno de esperanza, con prisa por dejar atrás todo lo que nos trajo el 2020; año malo fue el pasado aunque siempre he oído decir: que toda experiencia por mala que sea, tiene de bueno que es una experiencia.

    Es tiempo de seguir viviendo; aunque sin olvidar a los que se fueron. Es tiempo también de retomar los asuntos pendientes; de seguir dejando nuestra huella; de escribir nuestra propia historia y de leer la de nuestros antepasados. 

   


Por todo esto creo que viene bien empezar el año con una historia que aconteció en El Puente del Arzobispo en un tiempo en el cual una pandemia originada por la Peste Bubónica, también conocida como la peste negra provocaba a diario varias muertes entre los vecinos de nuestra localidad; esa frecuente mortandad tenía como víctimas tanto a pobres como ricos, tanto a hombres como mujeres. La guadaña de la muerte iba segando cada vez más vidas, amenazando con dejar desierta esta villa floreciente por su comercio y por el paso de una de las principales vías de comunicación.

    Todos los vecinos vivían con el miedo al contagio; aunque nadie sabía el origen de dicha enfermedad, los más doctos lo achacaban a un castigo divino; otros iban más allá y culpaban a los judíos de envenenar el agua de los pozos. Algunos curaban sus casas con los más variados mejunjes, otros se encomendaban a la divinidad de las vírgenes o los santos conocidos, casi sin obtener resultados: Y digo "casi" porque hubo una comunidad en Puente que; cuando el resto de la población había sido diezmada, ellos aún no habían tenido ningún caso de la temida peste. Eran los vecinos de la calle de la miel; apicultores todos ellos; dedicados a recolectar miel de los cientos de colmenas que tenían extendidas a una y otra orilla del Tajo.

    Los vecinos de la calle de la Miel veneraban a San Roque, cuya imagen todavía existe en un precioso azulejo en el nº 15 de esa calle, y a él se encomendaban, y a él atribuyeron el milagro, una vez remitida la pandemia, de que la peste hubiera pasado de largo por su calle sin cobrarse ninguna víctima. Lo cierto es, que algo ayudaría que la miel es uno de los repelentes naturales contra las pulgas, que eran las transmisoras de la enfermedad.

No soy quién para valorar si hubo o no hubo milagro; lo que sí se es que a San Roque se le tiene como protector de epidemias y en la Comunidad Valenciana se le sigue venerando implorando su protección, y que aquí se le veneró y se le atribuyó un milagro; pero la memoria es flaca cuando no necesitamos nada y nos fuimos olvidando de San Roque hasta que la nueva pandemia nos refrescó la memoria.  


Sixto de la Llave Casillas 

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